Parte de esa admiración tiene que ver con la manera en la que compite. Van Aert rara vez parece elegir el camino fácil. Ataca, trabaja para otros, pelea etapas imposibles y se expone constantemente al desgaste físico y mental que exige intentar estar siempre delante.
En un deporte donde muchas veces se premia la estrategia conservadora, él transmite algo mucho más impulsivo y emocional.
Siempre presente
Hay corredores que aparecen únicamente cuando la carrera les favorece.
Van Aert suele aparecer incluso cuando no debería.
En clásicas, grandes vueltas, contrarrelojes o etapas de montaña, pocas veces parece conformarse con limitar daños. Su manera de correr transmite una voluntad constante de intervenir en la carrera, incluso cuando el resultado final no está garantizado.
Algunos corredores inspiran por lo que ganan. Otros por todo lo que están dispuestos a arriesgar para intentarlo.
También influye la sensación de vulnerabilidad que proyecta. A diferencia de otros atletas construidos alrededor de una imagen de perfección constante, Van Aert ha convivido públicamente con derrotas duras, caídas importantes y momentos donde el resultado no terminaba reflejando el esfuerzo realizado.
Y precisamente ahí es donde mucha gente encuentra el verdadero atractivo de su figura.

Cuando el resultado no es lo único que importa
Porque insistir, volver a intentarlo y mantenerse competitivo después de tantos golpes genera una admiración mucho más humana que la simple superioridad deportiva.
Quizá por eso resulta fácil identificarse con él incluso desde fuera del ciclismo. La mayoría de personas conocen mejor la sensación de intentarlo varias veces que la de ganar siempre.
Además, el ciclismo tiene una particularidad que hace este tipo de perfiles especialmente magnéticos: el sufrimiento se ve. Las cámaras muestran el cansancio, la tensión y el desgaste de manera constante.
Y en el caso de Van Aert, pocas veces da la sensación de reservarse algo.
Una forma muy particular de competir
Incluso cuando pierde, suele hacerlo habiendo dado absolutamente todo lo que tenía.
Eso no garantiza victorias. Tampoco explica por sí solo su popularidad. Pero sí ayuda a entender por qué genera tantas simpatías entre aficionados de perfiles muy distintos.
Hay derrotas que explican mejor a un deportista que muchas victorias.
Quizá por eso conecta tanto. Porque representa una manera de competir basada más en la entrega que en el cálculo.
Y en una época donde muchas figuras públicas parecen construidas alrededor del control absoluto, encontrar a alguien que sigue insistiendo incluso cuando no siempre gana resulta extrañamente atractivo.
La mayoría de personas no recordarán todas las carreras que ganó Wout van Aert. Pero sí recordarán la forma en la que las corrió.









